../.... algo de razón..., bastante razón sí que tenía y tuvo el bueno de Santos en su presentimiento de que todo aquello no podía acabar bien, pues al cabo de unas pocas semanas vino el segundo «CRACK» más grande de toda la Historia; CRACK que consumió con su "fuego devorador" las ambiciones desmedidas y las esperanzas de todos los inversores.

Jamás me perdonaré mi olvido del Sistema. Con todo el trajín diario de la Bolsa y de mi trabajo como operador o broker, como se llama ahora, no tenía ni tiempo para cargar las cotizaciones en el sistema del Símbolo de cuya carga se encargaba mi mujer, pero lo peor era que no miraba ni tan siquiera los datos que día a día arrojaba el ordenador. Menos mal que con la obligación de mandar semanalmente gráficos a mis clientes los imprimía cada siete días y los guardaba. 

Así, pues, cuando no enseguida, si no al cabo de algún tiempo — tal es la fuerza de la inercia —, conseguí volver a la carga diaria de datos y a la contemplación de todos los datos en pantalla, me quedé horrorizado.

La Bolsa tenía todos sus Valores agrupados en torno al punto máximo, entorno al punto C.

 Sólo faltaba para completar el ilógico y horroroso desequilibrio sobre el Símbolo, que los valores de las eléctricas — que estaban algo rezagadas —, avanzaran también hasta el punto C. Y un buen día, así lo hicieron.

Los Valores de las eléctricas, pues, estaban situados alrededor del punto Este, muchos encima de este punto, pero de repente, un buen día del que tengo buen registro, empezaron a cruzar el punto B. El Dinero empezó también a creer en ellas mientras que el Papel conservó su rigidez de venta o su casi nulo registro de salida. Aquí, pues, el alza de las eléctricas también fue espectacular.

Por mimetismo, los que tenían Papel en las eléctricas que aún estaban rezagadas aguantaron las embestidas del Dinero, por lo que también pudieron cruzar el punto B para seguidamente correr como una exhalación, como cometas anunciadores del final de la estancia de todos los Valores de la Bolsa en el espacio derecho del Símbolo, hasta el atractor punto C.

Con centro en este punto C se llegó a formar una cambiante nube de puntos la cual todos observábamos estupefactos. Todos los valores, pues, pululaban por allí, por el punto C y cuadrante 1.

Aquel inmenso enjambre devorador de Dinero, centrado completamente en el punto C y con formas cambiantes y en continuo movimiento, prolongó su situación por unas semanas más ante la estupefacción e impotencia de los pocos elegidos que pudimos observar, sobre el Símbolo, la formación de ésa tremenda nube anunciadora de una terrible y desoladora tempestad.

Pobres simbolistas los que asistíamos por primera vez a tan singular espectáculo.

Jamás, nunca jamás, seres humanos llanos habían contemplado estas características sobre el Símbolo. Estábamos en un momento singular de la historia y no entendíamos como podía ser aquello.

Nuestras experiencias sobre el Símbolo no servían en aquel mágico momento. La singularidad no tenía precedentes. Jamás se había producido y por ello, estábamos todos expectantes en ver en que terminaba todo aquello.

Los más aventurados de la sabática reunión de siete a nueve adelantados del tiempo de las brujas creían que tal como se formó la pulsante nube de puntos alrededor del punto C, que fue con tiempo y poco a poco, así se desharía también, se evaporaría con tiempo poco a poco y los puntos quedarían de nuevo diseminados por el Símbolo. Pero las leyes que rigen al Símbolo no dicen eso.

Pobres locos los que se enfrentan con las singularidades de la Historia sin poder volver la vista atrás; sin estar en posesión de referencias simbólicas y sin decidirse, con método, a operar.

Valor por Valor, la situación era perfecta. Todo, pues, era alegría en la Bolsa. Para que molestarse o tan siquiera tocar lo que va bien.

La amenaza precisamente estaba en eso; en que todo iba demasiado bien, muy bien y en Bolsa, como en todo en lo que no se interviene o dirige conscientemente, después del todo va bien sucede lo peor tal como lo detectaba y nos advertía desesperadamente el Símbolo.

Pero eso, Valor por Valor – repito – no es visible, sólo es visible cuando se traslada la última posición de un valor o acontecimiento sobre un único Símbolo de la totalidad, y eso era aquí, la totalidad de los Valores de la Bolsa.

Sólo así, como en la Alquimia, aparece la nube anunciadora de un fenómeno nuevo que si está en el punto A, informa de un cambio general aprovechable de tendencia, pero que al formarse en punto C, anunciaba en Bolsa lo peor. 

Y sucedió lo peor... Llegó de repente el CRACK de Octubre. Imposible salir. Lo Bursátil se convirtió en un baño de Papel; en títulos o acciones que nadie quería comprar.

Buena lección que han anotado cuidadosamente en su memoria los sufridos inversores. Buena lección digna de otros tiempos. 

Por todo ello, cautivo y desarmado el ejército rojo de ira y de impotencia de los inversores bursátiles se abandonó a la lujuria de las pérdidas mientras que nosotros, inertes, estupefactos e impotentes, contemplábamos el espectáculo de una historia que sólo conocíamos de oídas y leídas como una sórdida experiencia irrepetible de otra generación anterior poco ilustrada.

Octubre pasó, noviembre pasó, llegó diciembre y con él, la nube de puntos sobre el Símbolo, que se había trasladado entera y casi de golpe al punto fatídico A de Abismo, como si de un campamento base se tratara, empezó a moverse y los Valores uno a uno a veces y otras agrupados, comenzaron su penosa y larga redistribución por el Símbolo terminando con ello éste terrible y recordado CRACK.


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